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A mi me resultó

Mi hija me amenazaba con llamar a los Carabineros

Este fue un verano duro. Mi hija de 16 años no llegaba a la hora en la noche, andaba en malas juntas y con mi señora estábamos desesperados. Lo peor que cuando yo la esperaba levantado y la retaba, se ponía a gritar y me amenazaba: “¡Ponme una mano encima y llamo a los Carabineros!”. Un día en que me salió con esa le dije: “Bueno ya, vamos a los Carabineros altiro”. Partimos a la comisaria. El oficial de guardia me preguntó a qué iba y le explique: “Cada vez que reto a mi hija porque tomó, no cumple con la hora de llegada, se mete con patos malos y me dice que me va a demandar. Así que vengo con ella, que me demande”. El oficial le explicó todo lo que iba a pasar si ella alguna vez llamaba porque yo la retaba: si había violencia, me detenían; pero si no, igual quedábamos citados, aunque nos hacían la alcoholemia a los dos. Y luego, si el juez me daba la razón a mi, ella podía incluso quedar con firma. A la salida le dije: “La hora de llegada a la casa es tal”. “Si no llegas, yo te mando a buscar”. No me habló en una semana, pero fue una gran lección.

José V., La Estrella.

Mis hijos me preguntaban hasta dónde estaban los vasos

Tengo tres hijos hombres y ellos, al igual que mi marido, antes de buscar algo, gritan: “Mamá, ¿dónde está el abrelatas?, “¿Hay leche?”, “¿Dónde está mi camisa?”. Un día, una amiga que presenció esta situación me dijo: “Lo que pasa es que estás siempre a mano para contestarles y siempre alerta a todo lo que te piden”. Siguiendo su consejo, empecé a jardinear, a plantar y regar por las tardes. Al principio salían al patio a preguntarme por la camisa, el vaso o el jugo,  pero de a poco me di cuenta que empezaron a arreglárselas mejor solos adentro de la casa. Ya adquirieron el hábito de no depender de mí para todo.

Natalia Hasbún, Santiago.

Mi casa es muy pequeña y mi hija tenía poco espacio para jugar

Un día vi en Internet un mantel que por los lados colgaba hasta el suelo y tenia ventanas y puertas. Al ponerlo sobre la mesa, inmediatamente se convertía en casa de muñecas. Compré género y yo misma le hice una lindas ventanas y puertas, le dibujé flores y debajo de la mesa puse cajas con juguetes. Para comer ni siquiera tenemos que desocupar la casita, sólo ponemos los individuales encima. Mi hija de tres años está feliz y juega ahí mientras la guagua duerme en la pieza que comparten.

Génesis Marcos, Maipú.

Mi suegra no respetaba la alimentación sana de los niños

Todos los fines de semana terminábamos peleando. Mis suegros son obesos, mi marido es obeso y ha tenido muchos problemas de salud y psicológicos por eso, pero para mi suegra el dar cariño es sinónimo de cocinar postres, tortas y pasteles. Cada fin de semana, al ir a almorzar a su casa, llenaba a mis hijos, que también tienden a engordar, de puras cosas dulces. Me armé de valor y la invité a conversar. Le dije con cariño ¡todo! Se puso a llorar, porque me dijo que tenía miedo de no encontrar otro modo de que la quisieran. La abracé y le prometí que mis niños la iban a querer igual. Al domingo siguiente les contamos nuestra conversación a todos los demás tomadas de la manos. Creo que me resultó.

Adriana Contreras Aguiló, Paine.