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Estamos sincronizados

Las neuronas especulares o espejo nos permiten entender las intenciones de otras
personas y ponernos en el lugar de un tercero, aspectos fundamentales en nuestra
interacción con los demás.

Por María de los Ángeles Saavedra / Ilustraciones Fabián Rivas.

Desde pequeños, los niños son conscientes de lo que sucede en su entorno, aunque
a veces no lo sepan expresar verbalmente. Nuestras actitudes, reacciones o tono de
voz les van dando pistas sobre cómo actuar en una situación determinada. Esto lo
logran gracias a las llamadas neuronas espejo: células ubicadas en el cerebro, cuya
función es reflejar –de ahí su nombre– los comportamientos de los demás.

Diversos estudios evidencian que los niños de pocas semanas de vida ya activan
sistemas de neuronas espejo de tipo motor. El proceso de aprendizaje a temprana
edad pasa por la imitación de conductas y gestos: los niños copian todo lo que ven.
“Podemos tener sistemas de neuronas espejo motoras, sensitivas, emocionales,
que se van activando en la medida en que vamos teniendo experiencias y estímulos
a lo largo de toda la vida”, apunta Carolina Panesso, psicóloga y especialista en neuropsicología infanto-juvenil de la Fundación Liderazgo Chile.

Cómo responden los cuidadores a las necesidades de los menores es vital, pues les demuestran que cuentan con una figura que está emocionalmente presente para atender sus necesidades”, cuenta Panesso y enfatiza que esas carencias no son solo fisiológicas. “El contacto, la seguridad y la regulación con componentes claves para la base de un apego seguro. Se sabe que, cuando un niño en sus primeros años no encuentra una figura que sea capaz de regular, anticipar y satisfacer sus necesidades, está más expuesto a la liberación de altos niveles de cortisol, sustancia que se desata producto del estrés y que, finalmente, tiene efectos sobre las hormonas del crecimiento, el sistema inmunológico y el desarrollo de la personalidad”, comenta la especialista.

FUNDACIÓN LIDERAZGO CHILE:
AYUDAR A LA SOCIEDAD A CONOCER
EL MUNDO DE LAS EMOCIONES
Inicialmente, se formó con el objetivo
de ayudar a promover mejores entornos
laborales en Chile, donde un 80% de los
liderazgos están basados en el miedo y la
desconfianza. Hoy, además, trabaja con el
fin de “cambiar la educación para lograr
niños, jóvenes, adultos y profesionales más
empáticos y felices”.
Fuente: www.liderazgochile.cl

NEURONAS ESPEJO Y EMPATÍA

Las neuronas espejo funcionan desde la imitación. Los niños copian a los
adultos, quienes modelan positiva o negativamente sus respuestas ante determinadas
situaciones. En este contexto, ¿cómo educar la empatía? Según Carolina Panesso, “para modelar la respuesta empática hay que partir por lo básico: ayudar al niño a conocer las emociones y qué pasa en el cuerpo cuando las siente”. Para esto, afirma, hay que estar presentes. “Hoy vivimos pendientes de los aprendizajes que un niño debería alcanzar, pero nos olvidamos de aquellos que les permitirán tener habilidades para sortear las distintas exigencias de la vida”, recalca la profesional.

Los menores de dos años están pasando por una etapa muy importante en su
desarrollo infantil, llamada egocentrismo. “Eso hace que se vean como poco empáticos –explica la psicóloga de la Fundación Liderazgo Chile–, pero la verdad es que sí lo son. Están en pleno proceso de aprendizaje respecto al estado mental de sí mismo y del prójimo, y sí son capaces de ponerse en el lugar del otro y expresar con más vivencias sus emociones”.

Esta es una etapa ideal para enseñarles cuentos, mímicas o dibujos sobre
las emociones. Mostrarles qué se siente cuando aparecen y cómo se pueden regular.
“Lo más importante es que los padres o cuidadores comprendan que, detrás
de cada emoción, hay una necesidad en ese niño o niña. El validar la emoción
y acompañar en esos momentos, es la mejor herramienta para empatizar como
adultos”, concluye.

Si un niño percibe un cuidador capaz de responder
a sus necesidades físicas y emocionales, verá
el mundo como un espacio con mayor seguridad,

obteniendo conexiones neuronales potenciadas
por los estímulos positivos.

Hacerse cargo de las emociones
– Los niños necesitan más modelos que regaños.
– Si ellos observan cómo actuamos frente a una emoción y los hacemos parte, estaremos desarrollando desde muy pequeños habilidades empáticas y socioemocionales.
– Ponerse físicamente a la altura de los niños, para que puedan mirarnos mientras les hablamos, al tiempo que cuidamos nuestros movimientos, que estarán modelando los suyos.
– No corregimos ni damos órdenes, sino que hacemos el patrón correcto
junto a ellos.