Inicio » Guía para padres. Educar SIN gritos

Guía para padres. Educar SIN gritos

El cansancio crónico, la falta de sueño, el estrés, las preocupaciones y los conflictos propios del día a día hacen que la crianza de los niños sea cada vez más difícil y con menos paciencia.

La española Laura Monge, autora del libro Educar sin gritos, explica que en la educación alzar mucho la voz puede ser efectivo, pero solo a corto plazo. No sirve para enseñar y, a la larga, nos terminan alejando de nuestros hijos, sobre todo en la adolescencia.


Por Ximena Greene.

Hace casi veinte años, la española Laura Monge, madre de cinco niños, decidió comenzar a escribir y documentar el día a día sobre la crianza y la educación de sus niños. Así nació el blog Mis trucos para educar, un pequeño sitio web en donde Laura comentaba cuáles eran las prácticas que más le servían para las situaciones cotidianas. La idea era ayudar a otros padres con ideas, planes o ejercicios para enseñar buenos hábitos y rutinas y así mejorar la convivencia familiar.

Lo que empezó como un pasatiempo para ayudar a otras familias, se convirtió en un exitoso medio de comunicación, ciclos de charlas e incluso un libro y un curso online para padres y educadores bajo el nombre Educar sin gritos. En ellos, la autora repasa, desde la teoría a la práctica, algunos conceptos más científicos como el desarrollo del cerebro del niño. Sin embargo, también los acompaña con situaciones y ejemplos cotidianos y propone ejercicios o juegos para trabajar la conducta de los hijos.

IMPORTANTE DISFRUTAR EL MOMENTO PRESENTE, NO SÓLO CUMPLIR

Algunos de sus consejos, por ejemplo, consisten en reforzar el comportamiento de los niños sin “peros”, preguntarles cómo se sienten al final del día o darles un reforzamiento positivo cuando hagan algo bien y así hacerlos sentir especiales.

Esto se da en un contexto en el que el acelerado ritmo de vida dificultad el adecuado desarrollo familiar. “Estamos más preocupados por cumplir, que de disfrutar el momento presente. Lo peor de esto es que desaprovechamos infinidad de oportunidades de crecimiento personal para nuestros hijos”, señala.

Uno de los mayores problemas que tiene la crianza y la educación en momentos de crisis, es que no contamos con tiempo para pensar en nosotros, en nuestros hijos ni en nuestras familias. Para ello, recomienda detenerse a reflexionar y establecer objetivos de cómo queremos ser como padres y qué es lo que nos gustaría que nuestros hijos aprendan. “No se trata de supervivencia”, escribe Laura Monge al comienzo de su libro. “De poco sirve ir apagando incendios”, agrega. La idea consiste en acompañar el crecimiento de los hijos, sin caer en la típica creencia de que alzar la voz es la única solución para que los niños te escuchen.

NO EXISTE UNA FÓRMULA MÁGICA

Desde el primer capítulo de Educar sin gritos, Monge explica que en la educación de los niños no existe una fórmula mágica que sirva para todos por igual. Cada familia es única y cada niño también lo es. Lo que sirve para uno en alguna etapa, puede que no sea útil para otro. Sin embargo, la autora cree que con afecto, paciencia, dedicación, comunicación, respeto y, sobre todo, constancia este largo camino se puede hacer un poco más llevadero. “Los padres tenemos que aprender a reflexionar, a detectar errores, a modificar pautas y a conocer a cada uno de nuestros hijos que, además, se encuentran en permanente cambio”, escribe.

Para ello, el libro propone como principal herramienta empatizar con los niños y así generar una conexión que nos ayude a entrar en una especie de “sintonía” que nos facilite corregir o redirigir alguna conducta que queremos modificar.

“No perder la paciencia para educar sin gritar no es fácil, ni siquiera en la teoría”, advierte. “Aunque el grito alerta al niño y puede funcionar momentáneamente, también lo pone en ‘modo defensa’”, agrega. El problema de ello es que después de una interacción negativa, los niños quedan sin disposición a aprender, a reflexionar o a pensar en las consecuencias de sus actos. Según Monge, cuando gritamos los niños nos temen. Nos obedecen, sí, pero es únicamente porque nos tienen miedo. Puede ser efectivo a corto plazo, pero a la larga se necesitan más y más gritos y esto nos aleja de nuestros hijos, sobre todo cuando llegan a la adolescencia. No sirve para educar.

Lo que sí es útil, explica la autora, es invertir tiempo con ellos, como hacer juegos para que adquieran hábitos y rutinas, dependiendo del resultado que queramos conseguir. Si, por ejemplo, queremos que tomen el hábito de hacer la cama, un grito va a servir para que la hagan ese día, pero, ¿no es mejor invertir tiempo y lograr que la hagan diariamente? También está el tema de que nosotros somos su referente: si tú gritas, ellos también lo van a hacer en el futuro.

Está claro que estos ejemplos se pueden basar en situaciones complicadas que con frecuencia agotan y desesperan a los padres. Sin embargo, es importante convertir esa frustración en una oportunidad para aprender a ver que de los conflictos también se pueden rescatar cosas positivas.

“Los padres tenemos que aprender a reflexionar, a detectar errores, a modificar pautas y a conocer a cada uno de nuestros hijos que, además, se encuentran en permanente cambio”, escribe Laura Monge.

Recomendaciones para padres:

  • Refuerzo positivo: Hoy en día no se nos escapa decirles a nuestros hijos todas las cosas que hacen mal, pasando por alto muchas de las que hacen bien. Sin embargo, la autora señala que debemos hacer justo lo contrario.
  • No olvidar decirles cuánto los queremos: Producto de la vida acelerada y apurada que estamos viviendo, en donde hay más órdenes que cumplirse que momentos para disfrutar, Monge asegura que todos los días deberíamos decirles a nuestros hijos en forma serena y desde el corazón cuánto los queremos y lo especial que son para nosotros.
  • Dedícales un momento especial: Una de las cosas más importantes para el desarrollo sano de un niño es pasar tiempo con sus padres. Para ello, la autora recomienda dedicarle un momento especial sin teléfonos, hermanos o distracciones.
  • Tómate tu tiempo: Tomarse un rato para respirar, reflexionar o dar un paseo nos permitirá retomar de mejor manera las riendas de una situación y gestionar el conflicto como queremos.