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La comunicación con los hijos

“Lo cortés no quita lo valiente” es una frase para recordar siempre al hablar con los hijos. Tratarlos con respeto, amor, sin gritos ni descalificaciones es el primer paso para lograr una buena comunicación con ellos. Después están los temas: que sean diversos y no solo centrados en los deberes.


Por María Ester Roblero.

Conversar es un buen hábito que se cultiva cada día

A veces pensamos que para conversar con los hijos hay que “ponerse a su altura”: utilizar los términos que usan con los amigos o abordar los temas que les interesan, como la música y el deporte. Pero no: el mayor secreto de una buena comunicación está en forjar el hábito, cultivar su confianza, demostrar que tenemos tiempo para ellos, escucharlos y no sobrereaccionar frente a sus confidencias.

Algunas recomendaciones para vivir la comunicación en cada etapa de la infancia y adolescencia:

A los más pequeños hay que dedicarles tiempo y más tiempo: Hablarles incluso antes de que ellos lo hagan, contarles cuentos, comentarles situaciones, hacerles preguntas. Que ellos reconozcan en ti al mejor “hablador” y “escuchador”.

• A medida que crecen, intenta compartir con ellos experiencias: Observar la naturaleza, comentar un acontecimiento, practicar un deporte o tener aficiones juntos. De esa manera, fluirá el diálogo.

Evita que te vean todo el día conectado al celular o a la televisión: El mensaje que transmites con eso es que estás siempre distraído(a) o demasido ocupado(a).

Recuerda que entre los siete y los 12 años se vive la “edad de oro” de la infancia: Puedes hablar mucho con tus hijos en esta etapa y de todos los temas. Son como esponjas para captar situaciones y querer comentarlas.

Desde muy temprano vive profundamente el valor de la lealtad con tus hijos: Si te cuentan algo, más si se trata de una confidencia que los avergüenza o asusta, no les falles contándoselo a otros. La confianza se pierde y cuesta recuperarla. Ten especial cuidado con las fotos o anécdotas de tus hijos que compartes en tus redes sociales. “Al papá o a la mamá no puede contársele nada” es la peor frase que podemos escuchar de su boca.

Llegada la adolescencia, que no te asuste su ensimismamiento, silencio o malhumor: Las emociones del adolescente son intensas, variables y no vale la pena sobrereaccionar frente a ellas. En pararlelo, continúa buscando momentos para conversar y compartir como ir al cine, a un paseo o a tomar un helado.

• Un consejo para enfrentar las discusiones con los adolescentes y también para los matrimonios: ¡No hay que discutir en los momentos de crisis! Más vale esperar la calma y recuperar la unidad a través de una actividad juntos –ir al supermercado o lavar el auto– para recién, entonces, hablar.

Habilidades que debes cultivar para conversar más y mejor con tus hijos

– Ten seguridad en ti mismo(a): Tú eres el padre o madre y eres maduro(a). No vivas con la incertidumbre de estarlo haciendo bien o mal con tus hijos. Ellos necesitan que les transmitas seguridad al hablar contigo. Tampoco asumas actitudes de niño –como pataletas o estar amurrado– al conversar, porque eso implica construir una relación destructiva. Eres el adulto de la relación.

– Ten claridad en los valores que quieres fomentar en la familia: Sentido de pertenencia, generosidad, alegría o empatía. No des grandes batallas por cosas que no formen parte de tu mapa valórico. A veces se discute por temas que no son de fondo y, con ello, se rompe la comunicación. Al tener claridad en los valores que quieres cultivar, también sabrás cuáles son los temas sobre los que vale la pena jugársela al conversar.

– Sé honesto(a) contigo mismo(a):  Reconoce que si falla la comunicación con tus hijos es porque estás cansado, ausente, distraído, hiperconectado al trabajo o a las redes o porque no te has dado el tiempo para encantarte con su mundo.

– Da prioridad a tus hijos cuando estés compartiendo el tiempo libre con ellos: ¡Las redes sociales como Instagram, Whatsapp o Facebook pueden esperar! Sacarles foto tras foto pensando en guardar recuerdos puede privarte de verlos y mirarlos realmente.

– Conoce bien a cada hijo: Hay hijos extrovertidos, a los que les salen las palabras a borbotones cuando están en una actividad fuera de la casa. Otros son introvertidos y necesitan un ambiente más íntimo y tranquilo para conversar. No es posible forzar sus diferentes personalidades, sino que hay que adaptarse.

¿Qué tipo de padre eres cuando hablas con tus hijos?

– Autoritario: Utiliza órdenes, gritos y amenazas para obligar a sus hijos hacer algo. Teme perder el control y, por eso, hacerse obedecer es una prioridad en la relación. Tiene poco en cuenta las necesidades del hijo(a) y cree que como padre o madre sabe mejor que nadie lo que conviene.

– Culposo: Utiliza el lenguaje en negativo, infravalorando a sus hijos. “Eres desordenado”, “Yo sabía que te iba a ir mal”. Convierte a los niños en personas inseguras y con resentimiento hacia los adultos.

– Indiferente: Comentarios del tipo “No es para tanto, es solo tu primer pololeo” o “Qué importa, si te va mal, estudia otra cosa” no tranquilizan ni contienen a los hijos, solo les transmiten que ellos importan poco. Minimizan sus emociones y, con eso, los alejan. La indiferencia es sinónimo de descuidar las necesidades básicas del otro.

– Sermonero: Empieza todas sus frases con la palabra ”deberías”. Pero la táctica del sermón no surte efecto.

Fuente: K. Steede, Los diez errores más comunes de los padres y cómo evitarlos.

El mejor secreto de la comunicación con los hijos: escucharlos

Hoy estamos perdiendo la capacidad de escuchar: inventamos formas cada vez más sofisticados de grabar y, a pesar de eso, retenemos solo un 25%. Vivimos en un mundo ruidoso y no sabemos elegir bien los sonidos que queremos oir. Somos impacientes al conversar, porque queremos datos: los medios de comunicación gritan titulares y nos quedamos sin profundizar.

Este es el diagnóstico que transmite Julián Treasure, experto en comunicación, y que podemos aplicar al conversar con nuestros hijos. Aquí están sus consejos para “aprender a escuchar”:

El “músculo” para escuchar a los demás sólo se desarrolla cuando tenemos la real intención de oir sin interrumpir a las personas. La paciencia es una habilidad que permite escuchar a los demás sin apuros y sin estar pensando qué le vamos a contestar.

Nuestros oídos tienen ciertos filtros ocultos que nos impiden oir realmente lo que el otro (el hijo o hija en este caso) nos quiere decir. Debemos reconocer y cambiarlos. Estos filtos y sus repuestos correctos son:

• Filtro de escuchador crítico por filtro de escuchador empático.

• Filtro de escuchador pasivo por filtro de escuchador activo.

• Filtro de escuchador apático por filtro de escuchador expresivo.

• Filtro de escuchador rival por filtro de escuchador colaborativo.

Escuchar es una actividad humana que debemos ejercitar conscientemente. Julián Treasure propone este ejercicio: En tu hogar, por la tarde, pide a cada miembro de tu familia que te cuente algo de su día. Escucha conscientemente, dejando a un lado el celular. Demuestra empatía con tu rostro. Solo al final de la conversación, opina si es necesario y agradece todo lo que dijo.

Juegos en familia para conversar con los hijos

 1. “Me pongo en tu lugar”.

• Escribir el nombre de cada miembro de la familia en un papel, doblarlo y meterlo en un frasco.

• Al mismo tiempo, hacer un listado de temas de interés familiar en una hoja. Por ejemplo: ¿Qué pasa si no lavamos los platos en una semana? / ¡Tengamos una mascota! / ¿Es necesario planchar? /¡Reciclemos! / ¿Cuál es mi pasatiempo? / Mi vacación favorita sería… / Mi profesión favorita es… / Mi hora favorita del día.

• Cada uno saca un papelito del frasco y debe comenzar a hablar como lo haría la persona que le tocó sobre la lista de temas que anotó previamente.

• Este juego resulta muy bien si cada cual se pone en el lugar del otro, sin burlas ni sobreactuación, y logra de verdad interpretar el papel hasta que cada cual adivine quién es.

2. “Escucha primero, habla después…”

En un frasco vacío mete papelitos doblados con el nombre de sonidos cotidianos del hogar: la lavadora de ropa, la juguera, la aspiradora. Cada cual debe sacar un papelito y hablar 60 segundos de ese sonido. Los demás deben escuchar sin interrumpir. Aprovecha, a través de este juego, de enseñar algunas técnicas para ser escuchados:

Que miren a los ojos a medida que hablan.

Que llamen la atención de los demás nombrándoles: “Pablo y Ximena, les voy a hablar del rico sonido de la cafetera”.

Cambiar el ritmo o la entonación a medida que hablan, ya que los seres humanos no nos concentramos bien con sonidos planos.