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La innovación es amor

Socialab pone en contacto necesidades de empresas e instituciones para buscarles una respuesta entre su amplia red de innovadores. Aquí entrevista a su fundador Julián Ugarte.

Por Jorge Velasco / Fotos Fabiola Soto.

La azotea de la sede de CasaCo en la avenida Presidente Errázuriz, un espacio colaborativo que alberga a varios emprendedores, permite abrazar los tibios rayos solares del invierno. El pasto sintético y las mesas con quitasoles entregan un ambiente acogedor a un lugar en el que diversos innovadores comparten sus ideas a diario. Uno de ellos es Julián Ugarte, presidente de Socialab, “la red de solucionadores de problemas más grande del mundo”, como se autodefine esta compañía.

Su barba algo desaliñada y su tenida informal ocultan, de alguna manera, que
ha realizado presentaciones en lugares como las Naciones Unidas, la NASA y la Universidad de Harvard. O, al menos, no delatan que se graduó
de un programa en la Singularity University, una importante institución que
promueve la innovación en Silicon Valley en Estados Unidos, o que es cofundador
del Festival Internacional de Innovación Social (fiiS).

Y es que para emprender no se necesita vestir de traje y corbata, sino tener buenas ideas y una gran capacidad de trabajo para llevarlas a cabo. Eso fue lo
que condujo a este diseñador industrial a fundar Socialab, una iniciativa que hoy
cuenta con oficinas en Chile, Argentina, Colombia, México, Uruguay y Guatemala, y que ha desarrollado una red de innovación que agrupa a más de 800.000 miembros de 92 países.

HACER RENTABLES LAS SOLUCIONES INNOVADORAS

La idea nació hace más de una década al alero de Techo, una organización presente en 19 países que lleva a cabo soluciones concretas entre voluntarios y la comunidad para mejorar la calidad de vida de asentamientos de personas. Ugarte conformó un sistema web que permitía licitar aquellos problemas comunes, principalmente sociales
y medioambientales, que se veían en los distintos sitios donde se desempeñaba Techo, para encontrarles soluciones innovadoras. El objetivo era impulsar y potenciar
estas últimas, a través de financiamiento y la generación de demanda que hicieran rentable su implementación.

Hoy Socialab utiliza un modelo similar pero aplicado a empresas y organizaciones.
De esta manera, por ejemplo, si una proveedora de bebidas busca alternativas
que le ayuden a cumplir con la nuev Ley de Responsabilidad Extendida del
Productor (Ley REP) que la obliga –entre otros aspectos– a reciclar cierto porcentaje
de los materiales que elabora, necesitará soluciones eficientes que pueden ser
de difícil acceso. “Probablemente, no las encuentre adentro de la empresa o deba
armar un equipo muy grande para lograrlo. La capacidad de innovar y emprender
está muy distribuida, con mucha gente joven creando soluciones a problemáticas
de manera muy ágil. Entonces, lo más virtuoso es conectar ese emprendimiento
con esa necesidad de la gran empresa o institución”, explica Julián Ugarte.

SOCIALAB EN LA PRÁCTICA

  1. A través de su plataforma web, Socialab licita desafíos de empresas a startups de su red mundial de innovación.
  2. Recibe las postulaciones, dispone de financiamiento para que los ganadores
    puedan desarrollar sus propuestas y los asesora y acompaña durante su emprendimiento para que pasen desde una idea a una solución escalable en volumen.
  3. Socialab acoge un promedio de 80 respuestas diarias y algunas problemáticas llegan a obtener hasta 500.
  4. Ya se ha hecho más de 200 preguntas o desafío los cuales han sido respondidos con más de 60.000 soluciones.
  5. Iniciativas como la aplicación anti bullying Brave Up, el sistema Algramo para obtener productos de primera necesidad a precios económico y Fresh Water, una empresa que diseñó un dispositivo que condensa el agua de la atmósfera son fruto del sistema Socialab.
“Nuestro gran desafío como institución
es lograr la sustentabilidad, sobre
todo la ambiental. Si no conservamos
nuestro planeta, será muy difícil mantener
la vida humana. En este sentido, vemos
que las empresas están siendo, en
su gran mayoría, parte del problema y no
de la solución”, afirma el fundador y presidente
de Socialab.

ECONOMÍA DEL AMOR

Julián Ugarte cree en la innovación y en lo que denomina la “economía del amor”. “Lo
que hace la innovación es querer resolver un problema. Cuando se quiere resolver
un problema que no es de uno, sino que el entorno te presenta, es un acto de empatía.
Y cuando uno realiza eso, genera
valor”, resume.

¿Es lo mismo hablar de responsabilidad social empresarial (RSE) que de economía del amor?

La RSE muchas veces nace como una preocupación de la empresa al darse
cuenta de que el mundo está cambiando, que lo estamos consumiendo rápidamente
y que se está poniendo en jaque nuestra existencia. Para eso, la empresa crea
un departamento que se haga cargo de aquello, pero a veces no pone a la persona
más apta en esa área y se transforma en una especie de célula o apéndice adentro
de una compañía, siendo que la razón de ser de una empresa es generar valor social.
Que la RSE sea un plan de mitigaciónba los errores que comete no es suficiente.
La empresa, por esencia, tiene que generar valor social y ambiental. Si no, no tiene
derecho a existir en estos tiempos.

¿Qué tanto tienen que ver la innovación y el emprendimiento con la generación de valor?
El mundo cambia, las necesidades son nuevas y las tecnologías nos proponen
distintas alternativas. Entonces, generar valor es una constante. Las misiones son
más menos las mismas –preservar o mejorar la salud, la educación, la abundancia
energética, las relaciones humanas– pero tal vez hay nuevas fórmulas que nos
permiten generar ese valor de una manera más eficiente.
¿Existen conceptos como innovación social
o emprendimiento social?

Han tendido a tener un apellido (social), pero yo creo que este se va a ir diluyendo
en el tiempo. Al final, todo emprendimiento es social: tiene impacto. Y toda innovación
es social, porque genera una transformación, que es una mejora de algo. El nombre
social lo pusimos una generación de empresas y plataformas que buscábamos
reivindicar el sentido de la innovación y de capitalismo en el sentido de que, si uno genera valor, captura valor, que uno genera valor cuando le hace bien al otro y de usar
nuestra creatividad para el bien común.

“La misión de la innovación no es solamente ganar plata. Eso es una consecuencia de haberlo hecho bien”- Julián Ugarte

Porque si lo único que te importa es ganar plata, súbele el precio a los remedios o al papel
higiénico, realiza pactos unilaterales y paga bajos sueldos, porque así vas a tener
mayores utilidades, o produce en form sucia sin importar que sea más barato. Si
el fin es el egoísmo, me llevo todo el valor para mí y, finalmente, destruyo valor.
¿Qué rol juega la solidaridad en la empresa
y en las instituciones?

La solidaridad es un acto de amor, es querer que el otro esté bien. Pero yo no
puedo ser solidario en la noche cuando llego a mi casa, pero en la mañana estoy
realizando pactos unilaterales en mi empresa. La solidaridad no es bipolar. Es
como el mentiroso: eres o no eres mentiroso. Por eso, eres o no solidario.
Sucede que la solidaridad comenzó a quedar en el tiempo libre de las personas,
en donde pueden reflexionar con su familia y hacer alguna actividad los fines de semana,
pero su día a día no se condice muchas veces con esa mirada. Entonces, hay que
trabajar todos los días en algo que tenga sentido solidario, que genere valor social.
La necesidad de hacer empresas que tengan impactos positivos es para reivindicar
el espacio de la solidaridad en los negocios, que fue capturado por el egoísmo.
¿Hay alguna particularidad que distinga a Chile en relación a los temas de innovación y emprendimiento?
Chile tiene una condición ventajosa para emprender e innovar. Gran parte de
las plataformas que promueven el emprendimiento nacen en Chile y, de alguna
forma, se exportan al resto de la región Latinoamericana. Es el caso de Socialab,
Empresas B, fiiS o iniciativas gubernamentales como Start-up Chile.
Eso se da por distintas razones. Hay institucionalidades relativamente serias y
existe un apoyo a la innovación a través del gobierno y Corfo. Tenemos también
una lógica extremadamente capitalista, que nos hace ver en los negocios una
oportunidad de desarrollo social, una situación que –por ejemplo– no ocurre
mucho en Europa, porque allá este tema es más bien responsabilidad de los gobiernos
y no de las empresas. Al mismo tiempo, tenemos una cultura que nos ha
unido en las catástrofes y un ícono de la solidaridad como el Padre Hurtado. Todo
esto crea un escenario para generar innovación solidaria.