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Regalar experiencias

¿Quisieras hacer un regalo único en esta Navidad? Con estos tres ejemplos te invitamos a darle un nuevo sentido a los que tengas pensado para este año, porque seguro que más de alguno puede tener un significado especial en tu familia.


Por Priscilla Heiss P.

Cada año llega diciembre con una lista de pendientes infinita, con regalos comprados de manera apurada y algunas veces sin un significado especial detrás. Por eso, los invitamos a prepararse y a buscarles un sentido. Piensen en qué regalo asociado a una experiencia podría ser algo bonito para hacer en familia, qué cosas le gustan a nuestros seres queridos, qué han dejado de hacer juntos o, simplemente, qué les gustaría que les regalaran a ustedes mismos. Probablemente, aparecerá más de alguna idea que puede transformar esos obsequios en algo único para las personas que más quieren. Aquí una abuela, una mamá y un matrimonio joven nos cuentan qué están preparando con cariño.

ACAMPAR EN FAMILIA

Para Fernanda Piedra y Tomás Bravo, casados hace cinco años y papás de Clemente (4) y Aurora (10 meses), la posibilidad de conectarse con la naturaleza, el entorno y de disfrutar de la vida sencilla es fundamental. Es por eso que cuando tuvieron que pensar en el regalo que este año le harían a sus niños, no lo dudaron: una carpa para salir de camping en familia y aprovechar de las bondades de la Región de los Lagos, donde viven hace un año. Llegaron a esta zona de la Patagonia para estar lejos del bullicio capitalino, comenzar una vida tranquila y de crianza más centrada en lo que para ellos es esencial: tiempo de calidad y mucho amor para sus hijos.

Tomás, abogado, cuenta que desde los siete años y hasta segundo año de universidad fue scout, por lo que tiene los mejores recuerdos de esa etapa de campamentos y cientos de aventuras. “Siempre era increíble. Aprendíamos a disfrutar del paisaje, la naturaleza y cómo autoabastecernos, además de disfrutar de lo simple”, comenta.

Para Fernanda, los mejores recuerdos los tiene de los campings familiares que hacían en el Lago Caburgua, en la Región de la Araucanía. “Somos cinco hermanos que lo pasábamos muy bien en esos veranos, y esos campamentos siempre se quedaron conmigo”, recuerda. De aquella época atesora con cariño la dinámica de compartir con otras familias que estuvieran en la misma situación, salir a hacer paseos y excursiones y las fogatas que encendían sus hermanos más grandes.

Hoy ambos quisieran precisamente regalarle esa experiencia a sus dos hijos. Por eso, este verano partirán de camping para conocer los lagos del sur. Están seguros de que volverán a sentir la emoción de dormir en carpa y escuchar la lluvia caer, encantarse con los días de playa tranquilos y transmitirles a sus hijos el valor de disfrutar de la naturaleza y de aquellas cosas más simples que no cuestan tanto.

Están seguros de que volverán a sentir la emoción de dormir en carpa y de transmitirles a sus hijos el valor de disfrutar de la naturaleza y de aquellas cosas más simples que no cuestan tanto.

UNA TERRAZA EN EL ÁRBOL

Hace un año, Martín Rasmussen (16), el hijo mayor de la paisajista María de los Ángeles Cruzat, comenzó un trabajo especial: construir con sus propias manos una casa en el árbol de su parcela en Puerto Varas. Esta bonita experiencia se fue agrandando y esta Navidad su mamá le regalará todos los materiales para agrandar esa casita y hacerle una terraza donde quepa toda la familia. María de los Ángeles cuenta que esto ha sido una oportunidad maravillosa de conocer mejor a su hijo, encontrarse con esta afición de la construcción que le permite usar sus manos y dar vida a algo tan especial con lo que muchos han soñado alguna vez.

Irán a comprar las maderas, clavos y pintura con los que Martín piensa construir terraza, mesa, bancas e incluso poner un techo para protegerse de la lluvia que abunda en esta zona. Estará ubicada en un nivel un poco más bajo que la actual casita y mirará hacia el lago. “La idea es seguir compartiendo momentos juntos, como las agüitas que nos tomamos en la casita y en donde nos contamos nuestras cosas contemplando la naturaleza. Con la ampliación podremos convidar al resto de la familia a participar también”, cuenta María de los Ángeles, mamá de siete niños.

A esta paisajista, amante de la naturaleza por sobre todo, le encanta que sus hijos estén en contacto con ella, que conozcan el lugar donde viven, aprendan de plantas, árboles y disfruten del lugar en el que tienen la suerte de vivir y ser felices en familia.

“La idea es seguir compartiendo momentos juntos. Con la ampliación de la terraza podremos convidar al resto de la familia a participar también”, cuenta María de los Ángeles, mamá de siete niños.

COCINAR JUNTAS

Para Ximena Silva, única mujer entre seis hermanos, el olor exquisito de la repostería, las recetas dulces y los cuadernos llenos de recortes de revistas de gastronomía han sido algo que siempre ha estado presente en su vida. Su mamá le heredó ese gusto por estar en la cocina, compartir secretos, ingredientes y un tiempo maravilloso entre moldes, ollas y sartenes y de cocinar algunos clásicos que luego son excusa perfecta para disfrutar en familia.

Hace un tiempo decidió que sería muy bonito empezar a cocinar con su nieta mayor, Antonia, de nueve años, a la que cada lunes recibe en su casa. “Hoy es difícil que los niños paren un poco por la gran cantidad de actividades que tienen. Entonces, me pareció bonito, porque es el día que ella viene a mi casa y se siente especial, conversamos, y vemos qué podemos cocinar”, relata Ximena. En esta dinámica que han creado, ha comenzado a soltar el mando y lentamente deja que sea su propia nieta la que toma un papel protagónico.

Fanáticas de las cosas dulces, cuenta que los queques, sopaipillas y pie de limón son varios de los favoritos. Tienen como pendiente una receta de donuts, porque a Antonia le fascinan. Además, los primeros días de diciembre ya comienzan a cocinar y hornear las galletas navideñas, que son sagradas en la familia, ritual al que se unen otros nietos para ayudar a decorar y estar juntos haciendo algo especial. Las de mantequilla son las que no pueden faltar.

“Ha sido muy bonito tener este tiempo con ella en la cocina, compartir mis libros, mis cuadernos, porque creo que son cosas que hoy se han ido perdiendo. Yo soy mucho de hacer cosas con las manos. Me encanta que ella aprenda y que esperemos este día para hacerlo juntas”, explica Ximena.

Esta abuela ya tiene guardado su querido cuaderno de cocina, que lleva años completando, en el que ha incluido sus recetas imperdibles, las favoritas de sus hijas y nietos, y todo el cariño que su mamá le transmitió por el tema. Es un pequeño tesoro que pronto espera estar en las manos de Antonia, que seguro volverá a darle vida y a preservar las tradiciones culinarias de la familia. Será el regalo perfecto para su heredera en su amor por la cocina.

“Ha sido muy bonito tener este tiempo con mi nieta en la cocina, compartir mis libros, mis cuadernos, porque creo que son cosas que hoy se han ido perdiendo”, dice Ximena.